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Las
runas o letras rúnicas, constituyen un alfabeto llamado Futarc.
Este
alfabeto conforma un sistema oracular, que hace años vengo
utilizando para clarificar situaciones y proporcionar orientación.
Frente
a cada tirada de runas, se abre un tiempo sin tiempo, en el que cada
letra o runa materializa el mensaje de una sabiduría infinita.
La
traducción de los signos y el henebrado de las respuestas, está a
mi cargo.
Durante
ese tiempo íntimo entre dos almas se suceden dentro de mí, la
impaciencia, el caos, la paciencia, y la confianza en mi propio
canal.
En
un momento dado, comienzo a comprender, a hilvanar y a poder
explicar lo que la tirada está mostrando.
Me
he preguntado reiteradamente, cómo sería leer una tirada de runas
desde un lugar de unidad. La respuesta fue llegando, se me hizo
clara después de formular tantas veces la pregunta.
Cuando
el interrogante se abre paso dentro de mí, sé, que la respuesta
yace posada levemente en el interior de mi conciencia. Es la
presencia de la respuesta, la que motiva la aparición de la
pregunta.
¿Cómo
hacer para comprender la totalidad, si los seres humanos estamos
provistos de dos manos, caminamos con dos piernas y poseemos dos
hemisferios cerebrales?
Si
habitamos un hemisferio de nuestro planeta, y vivimos en primavera
cuando la otra mitad transcurre el otoño
¿Cómo
hacer para sentirnos parte de un todo? Con certeza que no es a través
de nuestros sentidos, pero nuestra conciencia se amplía más allá
de lo visible y más allá de los tangible y vuela observando el
camino desde arriba.
Con
una óptica que sintetiza el tiempo, veo en el presente, el instante
infinito.
Desde
ese ámbito de la conciencia, me interrogo acerca de mis desafíos,
de mi camino y de mis lecciones de vida.
Cocino
en mi olla: tropiezos, amor, dolor, y revelaciones. Resulta un plato
con sabor a experiencia y asombro.
La
tarea de amalgamar estos ingredientes, nos lleva toda la vida.
Uno
de los secretos de esta alquimia, es reiterarme cada vez, que la
actitud crítica y prejuiciosa no resulta buen condimento para
ninguno de mis platos.
Después
de mucho practicar me siento en condiciones de convidar a otros a la
mesa.
Y
así, por momentos, asomarnos juntos al sabor de la unidad.
Me
encontré frente a las personas que me consultaban, pidiéndoles que
modificaran su manera de preguntar, o sea que en lugar de decir: ¿qué
me va a suceder con tal o cual cosa?, dijeran: ¿Cuál es mi desafío
frente a esto que pasa? O ¿cuál es la acción evolutiva que me
pide la vida frente a este hecho?
Este
modo diferente de plantear el asunto, conecta al consultante con
otro punto de vista. Este modo de ver la situación, le quita
dramatismo e impulsa a la persona a tomar conciencia de sus propios
recursos para atravesar lo que sea que esté sucediendo.
También
conecta al que pregunta con la indicación de su guía interior y
con la confianza en los ciclos de la vida.
Frente
a la desorientación que nos producen ciertos acontecimientos, la
interpretación de los mismos desde un lugar de totalidad,
tranquiliza y da fuerzas para superarlos.
Lo
efímero y lo cambiante de lo que nos pasa, contribuye a la
comprensión de que el futuro es efecto de una causa que ejercemos
en el presente. Entonces, ese peso lapidario de un futuro que nos
agobia, se transforma. Pasa de ser una avidez por lo predictivo a la
conciencia de que el futuro es cosecha de una semilla. Es darse
cuenta de que todos estamos en medio de un movimiento constante que
no admite lo inamovible.
Así,
el mayor interés, se traslada al momento presente que es el único
tiempo en el que podemos actuar.
El
secreto que me murmuran las runas vienen de adentro, ocurre en el
tiempo sagrado de la tirada. El mensaje llega, se expande, se ordena
y consigo entenderlo para mí y después, también para los que me
consultan.
Runas
significa: secreto. El secreto, habita dentro de nuestro corazón
Cecilia
Bergoboy
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