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Almas Gemelas     

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Creer en Almas Gemelas significa estar abiertos a todo lo que el destino tiene para ofrecernos.

La definición más concisa sería: un alma gemela es la pareja que puedes encontrar en un nivel espiritual.

Son esas dos mitades que anduvieron errantes por muchas vidas, buscándose mutuamente hasta volverse a encontrar.

La historia de ambas no pertenece al mundo material.

Ellas se despiertan a partir de una enorme fascinación por el mundo espiritual.

En un principio, las almas originales son mezcla de varón y mujer.

Cuando se encaminan desde el universo al mundo terrenal, estas almas se dividen en dos: las funciones varoniles se recubren de un cuerpo de hombre y las femeninas de un cuerpo de mujer.

Desde entonces se buscan y atraen a lo largo de los tiempos y de las reencarnaciones hasta encontrarse, al llegar ambas a un nivel de conciencia elevado para formar otra vez una unidad armoniosa.

En cada una de esas almas queda guardada toda la memoria del tiempo en que eran una sola y esto es lo que les permite reconocerse en el momento determinado.

No hay dicha más grande en el plano físico que la unión matrimonial de dos almas gemelas. Pero ésta debe ser ganada en términos de crecimiento de la conciencia, a través de muchas vidas.

El encuentro de las almas gemelas se produce cuando ambas han alcanzado el nivel en que pueden valerse por sí mismas en soledad; cuando no necesitan de muletas y pueden ofrecerse libres y sin quiebres.

El alma es la parte intrínseca que sobrevive a la muerte física. Por eso las almas no mueren nunca y si no han aprendido todo lo que necesitan saber en un cuerpo, obtienen otro al nacer y de esa forma continúan con su educación.

Las almas gemelas existen desde que existe la vida y todos tenemos en algún punto del espacio y del tiempo nuestra alma gemela.

                                                         texto extraído de

COMO ATRAER A TU ALMA GEMELA

                                                      Patricia Hashuel

 

 

                                    

 

Este es un tema que desde muy antiguo ha encendido la imaginación humana, la idea de la "media naranja", de ese ser que es como uno mismo y que está en alguna parte.

Muchos nacen con la impresión de que llegaron a este mundo con un compromiso previo de encontrarse aquí con otra alma muy amada, desde antes de nacer. Tienen esa impresión desde niños, aun desde antes de haber siquiera sabido que ese tema, el de las almas gemelas, es una materia que ocupa seriamente a un gran sector humano y desde los tiempos más remotos.

Ya desde Platón se habló de ellas. El psicoanalista discípulo de Freud, Jung, hizo abundantes aportes al respecto, y muchas líneas de estudios espirituales consideran el tema de una forma muy destacada.

Aquí se entregará un panorama general abordando el asunto desde una óptica espiritual.

El hecho de haber nacido con sólo la mitad de los atributos sexuales a disposición del ser humano debería llevarnos a reflexionar: ¿estamos incompletos? ¿No será esta carencia física un reflejo de otra carencia a nivel espiritual?

La mujer mira la vida desde cierta óptica, el hombre desde otra, ¿cómo puedo alcanzar una visión más total y completa, más abarcante, si estoy limitado por los condicionamientos que me impone mi sexo?

Desde el punto de vista del espiritualismo, es verdad que estamos incompletos.

En el Génesis, 1:26-27 se dice que Dios creó al hombre, "varón y hembra los creó". Eso fue en el sexto día, y en el día séptimo reposó.

Pero más adelante, en Génesis 2:4 se dice que no había hombre que labrase la tierra, (???), entonces, sólo entonces se dice que Dios tomó un trozo de barro e hizo a Adán, y mucho más tarde hizo a Eva.

¿Adónde estaba entonces ese ser "varón y hembra" del día sexto?

Estaba en otros planos, no en la tierra. Ese "varón y hembra" del día sexto es la llamada Mónada, el ser espiritual que tiene en sí las dos partes. Allí estabas tú más tu otra mitad, y el descenso a la tierra se hizo en forma separada.

Es por eso que muchos hombres y mujeres sienten la falta de esa otra mitad, y por eso albergan la esperanza de un maravilloso encuentro o reencuentro.

¿Por qué crea Dios un sistema de, primero desgarro, separación, y luego de muchísimo tiempo y perfeccionamiento el reencuentro?

Porque como es arriba es abajo. Porque también en el fondo de nuestras almas tenemos la sensación de haber sido arrancados de la Unidad con Dios, (caímos, fuimos expulsados del Paraíso) y de algún modo sabemos que todos los esfuerzos por perfeccionarnos, vida tras vida, están encaminados a volver a unirnos con el Todo, a regresar al Paraíso.

Dios nos creó un doble desgarro entonces... ¿Por qué? ¿Para qué tanto sufrimiento y trabajo? ¿No bastaba con dejarnos siempre con Él y no separarnos jamás? ¿Y por qué tuvimos que ser separados de nuestra otra mitad? ¿Para qué tanto dolor si al final volveremos a estar donde siempre estuvimos y con quien siempre estuvimos?

Volveremos, sí, pero no seremos los mismos del principio, ahora habrá una gran diferencia.

¿Quién valora más la luz, aquel que siempre estuvo en la luz y no conoce otra cosa más que la luz?

¿O aquel que salió de la luz, descendió a las sombras, sufrió el dolor del desgarro, de la separación, de la incompletud, del pecado, pero al fin superó las sombras, encontró el camino de regreso y volvió al amor y a la luz?

¿Cómo se puede valorar lo que jamás se ha perdido?

Este es el mayor secreto de la existencia.

 "¿¡Qué es el hombre, Señor", dice un Salmo, "que le has hecho mayor que los ángeles del Cielo?!"...

¡La Biblia dice que el hombre es superior a los ángeles del Cielo!

Claro, porque estamos más avanzados que ellos. Ellos son como nosotros fuimos. Ellos todavía no salen del Reino, de la Gloria de Dios. Siempre han estado en la Luz y no conocen otra cosa, prácticamente no tienen libre albedrío, no pueden hacer otra cosa que bien y bien y bien, y allí no hay "gracia"...
En cambio poder escoger entre el mal y el bien, y decidirse por el bien, con la lucha que a veces ello implica, allí sí que hay mérito, porque no es tan fácil.

Es muy distinto un ángel que está en la Luz pero que no conoce las sombras, que otro que está en la Luz gracias a todo un tránsito de eones por las sombras, con todo un gran esfuerzo evolutivo que le permitió por fin volver de regreso a la Luz, pero entonces es mucho más que un ángel.

Es la misma diferencia entre aquel que siempre fue rico y el que antes fue pobre y ahora es rico. ¿Quién disfruta más de la riqueza?
Es como aquel que fue ciego y recupera la vista, ese la valora mucho más que nosotros, que jamás hemos conocido la ceguera, y por eso normalmente miramos sin "ver".

Así se puede estar en el Paraíso y junto al alma gemela casi sin darse cuenta.

¡Toda la evolución es sólo para llegar a Darse Cuenta!

No es igual ser parte de una Mónada que jamás se ha dividido que ser parte de otra que acaba de reencontrarse luego de eones de separación.

Las dos mitades de la mónada fueron separadas, igual como el hombre fue expulsado del Paraíso.

Fueron lanzadas a descender a las sombras, a los bajos planos de existencia, evolucionando separadamente cada mitad, conociendo toda la degradación y todo el dolor que produce estar muy lejos de la Luz del Amor.

Y llegados al punto más bajo emprendieron el ascenso, evolucionando de vida en vida, siempre buscándose, siempre intuyéndose, sin olvidar jamás aquella presencia amada, porque el amor transciende eones y tiempos infinitos, porque el tiempo no es real, mientras que el amor es lo único real.

Y luego de una o muchas vidas dedicadas al servicio, el reencuentro, un reencuentro capaz de ejercer una influencia positiva inmensa en el mundo en donde ellos estén.

Algunos se encontraron muy jóvenes, sin tiempo para haber prestado un gran servicio, pero ¿y en sus vidas inmediatamente anteriores?

Y el hecho de ser o no almas gemelas quedará demostrado como verdadero por los siguientes factores:

No se pueden fraccionar ni dividir, y no pueden dejar de servir.

Porque el encuentro de las dos mitades es producto de una gran elevación de la conciencia, y cualquier real elevación de conciencia lleva inmediatamente al servicio, a ayudar a los demás, y a cuantos más, mejor.

Por Enrique Barrios

                             

A lo largo de nuestra vida soñamos con encontrar la pareja perfecta,
nuestra alma gemela, aquella que, como oasis en medio del desierto, nos
da de beber esperanza, fuerza y amor incondicional.

Aun los que disfrutan teniendo múltiples relaciones añoran la tan
mencionada "media  naranja". Están seguros que si encontraran a esa
persona especial serian capaces de comprometerse hasta el fin de los
tiempos.

Pero ¿por qué es tan difícil dar con ella?, ¿por qué no todos podemos
encontrarla?

Para entrar a este interesante tema primero  tenemos que comprender lo
que es el karma y cómo se relaciona esto con nuestra alma gemela.

La ley del karma es la ley de la vida: Se cosecha  lo que se siembra.

Nuestras almas son mas viejas de lo que pensamos. En el transcurso de
todas esas vidas crea lazos kármicos  positivos y negativos. Cada vida
es como una misión con  pequeños objetivos que lograr, a veces podemos fallar y tenemos que repetirla otra vez, otras veces lo logramos y avanzamos a la siguiente etapa.

El alma es pura y antes de llegar a la Tierra no tiene  intención  de    hacer
daño ni cometer errores. Si el espíritu ha cometido un  acto  negativo    en
relación con alguien o algo, antes de reencarnar se compromete a  saldar
esa deuda, pero una vez aquí,  la  energía, al ser pesada y muy densa
tiende a desviarlo del camino  elegido. Entonces el alma queda prisionero
en la Tierra. Pero surgen oportunidades de atraer esas deudas y reajustar
nuestras respuestas, nuestras  reacciones, por eso  en vez de considerar
estos  hechos  como  obstáculos a nuestro progreso debemos admitir, felices, que ha llegado el momento de transmutar esas energías por algo
mas positivo.

Del mismo modo que hay karma individual, también existe el familiar,  el
más difícil, pues las personas tienen que convivir en multitud de relaciones
(padre-hijo,  marido-mujer,  jefe-empleado,  amigos...)  para redimir las
deudas y cambiar las energías  que  han producido sus encuentros en la
Tierra anteriormente. Mientras vivamos en rivalidad, odios, culpas y
amargura el resultado será el sufrimiento. Aunque también podemos crear
lazos de amor, de ayuda, y eso también se nos retribuirá.

Cada quien tiene su misión y, la mayoría de las  veces la cumple en su
vida cotidiana con las personas que tiene cerca.

Con respecto a los vínculos karmicos, no importa  quien  tenga  razón, lo
importante es que los sentimientos negativos sean transmutados y
purificados. Debemos aceptar, con humildad, que una relación que ha
comportado sufrimiento, también ha significado un aprendizaje y nos ha
ayudado a evolucionar y que toda persona que irrumpe en nuestra vida
acaba siendo un instrumento para crecer.

Pero yo creo que hay una mejor manera de aprender nuestras lecciones y
evolucionar: concientizarnos del problema.

Si tu sabes que tipo de deuda te une a esa persona será más fácil hacer
los cambios necesarios para cambiar la energía negativa a una vibración
positiva, más ligera y por lo tanto más elevada.

De vez en cuando, si lo dispusimos antes de renacer en este tiempo,
podemos encontrarnos a nuestra alma gemela.

Las almas gemelas son un único espíritu. En el  principio de  los tiempos
los espíritus eran andróginos, tenían al mismo  tiempo  la esencia femenina
y  la  masculina,  pero  su  evolución  era  muy lenta, ya que  al sentirse
completos  no  sentían  la  sed  de  búsqueda, y sin  búsqueda no hay
encuentro. La meta final es reunirnos con la Gran Chispa Divina de la que
una vez salimos.

Dios separo los espíritus  en  dos,  uno con  una  gran    carga  de  energía
femenina  o  yin  y  el  otro con energía  masculina o yang.,  para  que
evolucionaran individualmente interactuando con otros espíritus,
buscando siempre el equilibrio. Puede que se encuentren en sucesivas
encarnaciones  para  ayudarse  mutuamente  a  evolucionar, y cuando los
dos hayan conseguido  equilibrar esas energías yin-yang  dentro de sí,
entonces se reencontraran finalmente para unirse para toda la eternidad.

La energía masculina (yang) se refiere a la iniciativa, la fuerza, la valentía,
el poder, mientras que la femenina (yin) maneja la intuición, la percepción, la  suavidad,  la  sensibilidad. Es necesario aclarar  que no estoy hablando  aquí  de  la difernciación  de los sexos. Cada ser humano tiene dentro de sí estas dos energías, tal vez  una mas desarrollada que la otra  y  lo  que  tenemos  que  hacer  es equilibrarlas,  recrear dentro de nosotros el andrógino  inicial, espiritualmente hablando. La fusión con el alma gemela solo se podrá  dar  si estamos equilibrados y en sintonía uno con el otro.

A esta fusión se le llama "el vinculo cósmico". Al estar en el mismo nivel
de evolución comparten objetivos y  al  estar  juntos el  gran amor  que
despiden se abre a toda la humanidad. Cuando amamos  deseamos
integrarnos en el otro pero también expandirnos a través de él y el hecho
de encontrar las mismas vibraciones en el otro nos facilita la expansión.

Mucha gente tiene la idea de que la unión con el alma gemela es algo fácil
y perfecta, que no presenta problemas, cuando en realidad encontrarla en
este momento en la Tierra es cuestión de aprendizaje.

Cuando no hay  armonía entre las almas gemelas (ya que evolucionan
separadas a veces lo hacen  a  diferente ritmo)  deben seguir caminos
separados, distintos. Cuando una de las almas cobra conciencia debe
esperar a la otra para ayudarla en su evolución.

Esto quiere decir que algunas veces el  alma  gemela no reconoce a su
compañera  porque  esta  involucrada en otras relaciones  que le son
necesarias para su evolución. El alma que se concientizó de su estado no
debe interferir si no para ayudarle en todo lo necesario incondicionalmente.  Si  ella  no  quiere  estar nuestro lado no  debemos empecinarnos en seguir junto a ella. Hay muchas  maneras de ayudarlos estando separados, una de ellas es enviarle  pensamientos positivos, es como si le enviáramos una luz de amor, de ese amor incondicional que se nos despierta el encontrar a nuestra alma gemela.

Muchas veces la  relación con  nuestra  alma gemela  no es tan solo de
pareja, podemos encontrarla en nuestro hermano, nuestro  padre  o  hijo,
nuestro mejor amigo. No  importa  el  sexo,  de  hecho  no    tiene  porqué
despertarnos  un deseo  sexual  el  encuentro  con  nuestra    alma  gemela.
Podemos  amarnos  espiritualmente  sin  el  contacto físico. El sentimiento
más importante con el que nos encontramos al hallar nuestra alma gemela
es  una intensa e indescriptible  emoción  de    reconocimiento,  de  amor
universal, de energía vivificadora y del despertar de nuestra divinidad.

Creo que es muy importante que dejemos bien claro el papel del sexo en
las  relaciones íntimas. El sexo es un intercambio de energía muy poderoso entre dos cuerpos. Muchos yoguis han aprendido ha sublimar su propia energía  para  una  elevación  espiritual. El kama-sutra  trata precisamente del manejo de esa energía entre dos personas y no tan solo de las distintas posiciones para el coito como se ha venido manejando en el Occidente.

En una relación sexual la energía de uno impregna al otro. Cuando alguien
se involucra en varias relaciones sexuales al mismo tiempo acumula energía  de  varias vibraciones enturbiando la suya propia. Esto genera muchos lazos kármicos, la mayoría negativos ya que no hubo amor en su unión.

Cambiar de pareja sin cesar provoca entonces la separación de las almas
gemelas, ya que primero tendremos que saldar todas esas deudas contraídas  con otros espíritus con la finalidad de encontrar un equilibrio interior.

Me gustaría dejar un mensaje, algo que he aprendido a través de toda esta investigación y búsqueda del alma gemela:

No puedo negar que también yo he estado buscando mi compañero ideal, y en el camino me he topado con gente maravillosa y con personas que me ha sido muy difícil perdonar.  Pero en esa búsqueda siempre esperaba que me llegara algo mejor de  lo que tenía y perdí muchas oportunidades de mejorar relaciones kármicas, saldar deudas. No sabía que  ese  era el camino más fácil para llegar a encontrar a mi alma gemela finalmente. Así que hace poco decidí que debía buscar la felicidad dentro de mi, aprender a vivir conmigo misma, perdonarme mis defectos e intentar cambiar para bien (difícil tarea). Vivir en armonía y en paz, disfrutar de los  seres que están a mi lado sin importar que sean tan solo espíritus afines o  enemigos en búsqueda del perdón mutuo. Debo confesar que aunque no he encontrado ese hermoso equilibrio del que he hablado anteriormente me siento más tranquila, más fuerte para enfrentar lo que venga.

Por Melbis

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