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Cuando
los fundamentalistas de cualquier religión enseñan una dualidad
inexorable basada en el bien y el mal, el hombre y la naturaleza, o Dios y
el Diablo, ello crea amigos y enemigos. Esta creencia es un sacrilegio
para los hindúes porque saben que las actitudes resultantes son
totalmente dualísticas, y para el triunfo del bien sobre lo maligno o
extraño debería exterminarse aquello que se considera malo.
Para
el hinduismo no hay nada que sea intrínsecamente maligno. El suelo es
sagrado. El cielo es sagrado. El sol es sagrado. Para el hombre hindú, su
esposa es una diosa. Para ella, su esposo es un dios. Sus hijos son devas.
Su
hogar es un templo. La vida es una peregrinación hacia mukti, o liberación
de la obligación de volver a nacer ( la cual, una vez alcanzada,
constituye el fin de la reencarnación en un cuerpo físico). Cuando uno
emprende una peregrinación, no desea herir o hacer daño a nadie en el
camino, pues sabe muy bien que las experiencias de este sendero son
creadas por uno mismo, aunque quizás se expresen a través de los demás.
En
sánscrito, himsa significa
hacer o causar daño. La “ a
“ que se coloca antes de esta palabra significa negación.
Dicho simplemente, ahimsa
es abstenerse de causar daño o dolor. Es bondad, y no daño, ya sea en el
plano físico, mental, o emocional. Ello incluye no matar, pero va más
allá, y prohíbe el abuso sutil y el causar hasta un simple dolor.
En
su comentario sobre Yoga Sutra ,
el sabio Vyasa define ahimsa como “la ausencia de perjuicio hacia todos
los seres vivientes en todo momento y desde todo punto de vista”. Vyasa
observó que una persona que se acerca a alguien comprometido con la
verdadera práctica del ahimsa se vería libre de toda enemistad. Del
mismo modo, Patanjali (alrededor del año
de esta era) considera a ahimsa como el mahavrata
del yogui, es decir , el gran voto y la principal disciplina espiritual
que deben seguir estrictamente y sin falta aquellos que buscan la verdad.
La intención no fue simplemente desaprobar el matar, sino evitar el daño
causado por nuestros pensamientos, palabras y acciones de todo tipo –incluyendo el daño al medio ambiente-.
Creer
en la existencia de una divinidad que todo lo penetra a través del
universo genera una actitud de veneración, benevolencia, y compasión
hacia todos los seres animados e inanimados. Esto equivale a ahimsa, el no
dañar. Por el contrario, creer en la dualidad de cielo e infierno, de las
fuerzas luminosas y las fuerzas oscuras, genera la actitud de que tenemos
que estar en guardia, y justifica que hagamos daño, física y
emocionalmente, a quienes consideramos malvados, paganos o indignos por
otras razones. Este modo de pensar lleva a racionalizar las así llamadas
“ guerras justas “. Podemos resumir esto desde las tradiciones hindú,
budista y jaina: ahimsa es conciencia
elevada, e himsa, o daño es
conciencia inferior. El hinduismo se opone a matar por varias
razones. La creencia en el karma y en la reencarnación es una fuerza muy
potente en la mentalidad hindú. Quienes tienen estas creencias saben muy
bien que cualquier pensamiento, sentimiento o acción que envían hacia
otros volverá a ellos a través de otra persona con igual o mayor fuerza.
Lo que hemos hecho a otros nos será hecho a nosotros, en esta o en otra
vida. El hindú está completamente convencido de que la violencia que
provoca volverá a él mediante un proceso cósmico que es siempre
infalible. Hace dos mil años, el santo tejedor del sur de la India,
Tiruvalluvar, lo dijo muy simplemente : “Todo sufrimiento vuelve sobre el malhechor. Por lo tanto, aquellos que no
desean sufrir absténgase de causar dolor a los demás.”
Se puede
encontrar una opinión similar en el sutra Acaranga, de la escritura
religiosa jainista: “ Hacer daño a los demás es hacerse daño a uno
mismo. Cuando usted quiere matar, es usted quien mismo el objetivo. Usted
mismo es aquel a quien se propone dominar. Nos corrompemos a nosotros
mismos tan pronto como nos proponemos corromper a los demás. Nos matamos a
nosotros mismos tan pronto como queremos matar a otros”.
Ahimsa
no es, por cierto, cobardía sino sabiduría. Y sabiduría es el
conocimiento acumulativo de las leyes divinas de reencarnación, karma,
dharma, así como la santidad de todas las cosas, en un todo armonizado
dentro de la psique o el alma.
Debido
al conocimiento de la reencarnación, uno sabe que algún día puede estar
en la misma posición que aquél a quien tiene la intención de perseguir
o hacer daño. El que es consciente dentro de su alma sabe que es un
viajero en el tiempo y que puede encarnar, tomar un cuerpo en la sociedad
a la que más combatió, a fin de igualar sus miedos y odios y
convertirlos en una comprensión mayor, que resultaría en la liberación
de la ignorancia.
Quien
conoce esto es muy consciente de todas esas posibilidades.
Es
decir : alguien que anteriormente fue una persona violenta puede volverse
no violento.
Es
cuestión de darse cuenta de qué se trata realmente la vida, y de que
hacer daño a los demás viola nuestro propio ser interior.
Cuando
se comete una acción dañina, esto produce una marca profunda dentro del
alma del agresor. Aquellos individuos que se arrepienten llevan energías
más elevadas hacia sí mismos, y estas energías lentamente curan esa
herida.
Por
eso no es todo. Cierto tipo de “terapia” espiritual debe acompañar
el arrepentimiento para que ocurra una curación total, que equivaldría a
la absolución. A través de esta terapia se puede encontrar una manera de
compensar a la sociedad por el daño causado en el acto de violencia. La
terapia puede consistir en trabajar como asistente en un hospital o como
voluntario para ayudar a la curación de quienes han sido víctimas de los
actos violentos de otros. Para la curación total y un cambio de actitud,
el servicio a la comunidad debe estar directamente relacionado con el
delito real que la persona cometió. Por fin, a lo largo de un prolongado
espacio de tiempo, el tema queda totalmente resuelto en la mente de la
persona y de quienes la conocen. Entonces, esa persona tendrá un grado de
no violencia equivalente a su anterior grado de violencia.
El
vegetarianismo es una manera natural y obvia de vivir con un mínimo de daño
hacia otros seres.
Aquellos que prestan servicios
asistenciales en la sociedad hindú han aprendido que las familias
vegetarianas tienen muchos menos problemas que las que no lo son.
La aversión y el horror por todo tipo de matanza llevan muy naturalmente a una dieta
vegetariana.
Si lo pensamos bien, quien come carne está
participando directamente en un acto violento contra el reino animal. El
propio deseo de carne hace que otro hombre mate para proveer esa carne. El
acto del carnicero empieza con el deseo del consumidor.
Cuando la conciencia de éste se eleva y
expande, sentirá horror por la violencia y no será capaz siquiera de
dirigir esa carne, ese pescado o esos huevos que antes consumía.
Lo contrario de causar daño a
los demás es la compasión y el amor por todos los seres. Un gran
pensamiento religioso hinduista así lo expresa: “ ¿ Cómo puede
practicar la verdadera compasión quien come la carne de un animal para
engordar su propia carne ?.
Si los niños son criados como
vegetarianos, se ven expuestos todos los días al
no dañar como un principio
de paz y compasión. Cada día, mientras crecen, recuerdan, y se les
recuerda, este principio. No matarán a otra criatura ni para alimentarse.
Y si uno no va a matar a otra
criatura para alimentarse, es mucho menos probable que haga daño a otra
persona cuando crezca.
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