|
El
grano de la soja disputa con el trigo y el maíz el honor de ser el
más antiguo cultivado por el hombre, de hecho, la soja ya se
cultivaba en tiempos del emperador chino Sheng-Nung, hace
4.000 años. Éste no sólo disponía de grandes campos de cultivo
sembrados con esta leguminosa, sino que se dedicaba activamente a
estudiar y describir sus propiedades alimenticias y medicinales.
Para
los pueblos orientales la soja ha sido siempre un vegetal sagrado,
literalmente un regalo de los dioses, que, al igual que los
mejicanos con el maíz, aprendieron a preparar de muchas formas
distintas.
Originaria
de China, se cultiva en gran cantidad en toda Asia, EE.UU. y Oeste
de África. En Europa, se cultiva por vía de ensayo, con éxito.
En
la cocina china es habitual consumir germen de soja del que existen
dos categorías comestibles: amarilla y blanca. Si es fresco, debe
ser lavado muy cuidadosamente. Si es de conserva en lata ha de ser
puesto en remojo antes de consumirlo.
Asimismo
China consume la famosa salsa de soja, en sus variantes "Dan
jiang you" y "Nong jiang you". Se obtienen de la
maceración y fermentación de granos de soja con cebada. La primera
es de un color bastante claro y un sabor muy delicado. La segunda es
más espesa y oscura y contiene mucha melaza. Las salsas de soja
occidentales son más concentradas y saladas. Se han de usar con
precauciones.
De
la planta herbácea de la familia de las papilionáceas -"Glycine
soja", de unos 70 cm de altura-, surge un grano que será un
precioso recurso para los que temen no encontrar suficientes proteínas
y lípidos en los alimentos vegetales. En la soja se hallan
abundantes sales minerales y muchas vitaminas, lo que añadido a las
proteínas, grasas e hidratos de carbono de excelente calidad, hace
de este grano un energético sin par, un gran remineralizador y un
excelente equilibrante.
Concretamente,
encontramos en 100 g. de soja: 10,00 g de agua, 34,10 g de proteínas,
17,70 g de lípidos, 33,50 g de glúcidos, 10,00 mg de calcio, 0,40
mg de hierro, vitamina B1, B2, PP y 464,00 calorías.
Los
resultados de las últimas investigaciones parecen sugerir que en la
fracción oleosa de la harina integral con que se hace la leche de
soja existe un factor que acelera la curación de las úlceras gástrica
y duodenal y que, además, protege a la mucosa estomacal. Asimismo,
está comprobado que el consumo habitual de harina integral y aceite
de soja impide la formación de los cálculos biliares.
Las
dos vitaminas B que posee la soja contienen inositol y colina que
ejercen en el organismo una extraordinaria acción lipotrópica, es
decir, movilizadora de la grasa, que impide su acumulación,
especialmente en el hígado. Estas dos vitaminas forman parte de los
fosfolípidos del cerebro y del sistema nervioso, y ayudan a la
producción de hormonas tan importantes como la adrenalina. Contiene
también ácido glutámico que es, así mismo, un aminoácido
fundamental para el buen funcionamiento cerebral.
La
soja se encuentra hoy en pleno estado de expansión, sobretodo por
la exaltación que se ha hecho de sus "fibras bastas" que
, como se sabe, dan a la alimentación un efecto
hipocolesterolemizante: favorece la eliminación intestinal de
esteroles y esteroides, sustancias que forman el núcleo del
colesterol hemático.
La
soja, como alimento antiarterioesclerótico, logra aumentar la
longevidad de muchas poblaciones orientales vegetarianas que la
usan, desde hace siglos. Con la soja se elaboran platos a la vez
deliciosos y muy nutritivos para aquellos que se orientan hacia la
alimentación vegetariana y que conservan al mismo tiempo la
nostalgia de los alimentos cárnicos.
Desde
el punto de vista alimenticio, algunas personas ponen en remojo las
semillas y las comen hervidas como si fuesen lentejas o garbanzos.
Pero el uso más común de la soja, en especial en los países de
Oriente, es en forma de harina con la que preparan salsas de toda
clase y alimentos de horno como panecillos, bizcochos y pequeñas
pastas dulces.
También
se consume en forma de queso, leche, margarina y aceite. Además,
las proteínas de soja en polvo se incluyen en los embutidos y en la
charcutería en general para enriquecer su aporte calórico, siendo
el salchichón de soja el producto de mayor consumo en este terreno.
Unas
sencillas recetas:
o
"Mayonesa
de soja": Hacer una pasta lisa con 2 cucharadas soperas
rasas de harina de soja y 6 cucharadas soperas de agua. Incorporarle
alternativamente 2 decilitros de aceite y 4 cucharadas soperas de
zumo de limón, batiendo continuamente con la batidora. Sazonar al
final con cebolla y hierbas todo finamente picado.
o
"Potaje
de harina de soja": Dorar, en una sartén, una cucharada
sopera de harina de soja junto con media cebolla pequeña, finamente
picada, en una cucharada sopera de aceite. Añadir 5 decilitros de
caldo vegetal y 1/2 tomate pelado y cortado en dados. Sazonar con
albahaca, mejorana, romero, tomillo y perejil. Se sirve muy
caliente.
Las
posibilidades de esta leguminosa no se limitan a superar el valor
nutricional de la carne. La soja también da origen a una serie de
productos alimenticios como el go, el tofu, el miso, el tempeh, la
okara el kinato la proteína vegetal texturizada (carne vegetal), la
harina integral, los germinados, el suero y los sustitutos del café
o el chocolate, que van a ser cada vez más conocidos por lo que,
debido a sus altos valores nutricionales y benéficos para la salud,
es muy conveniente que nos vayamos familiarizando con ellos.
|